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Como actor y director teatral, ha sido inevitable para mí y creo que para todos los que nos dedicamos al arte en sus diferentes manifestaciones, no separar nuestro Yo interno de nuestro Yo externo. Todo lo que el hombre manifiesta con la palabra y la acción es reflejo de una experiencia interna, emocional y espiritual.

La expresión corporal en el teatro es la herramienta fundamental del hacer artístico. A través de ella podemos contextualizar la obra teatral, entender la psicología de los personajes, crear atmósferas para la catarsis de la obra misma, comunicarse bien en escena con los demás personajes, crear quiebres, conflictos etc. Pero el saber expresarse y transmitir con el cuerpo ¿debe quedarse en lo meramente teatral? ¿es solo a través del teatro que tomo conciencia de mi corporalidad y de lo que ésta puede transmitir como elemento comunicativo poderosísimo? no será que esto de expresarme con mi cuerpo rectamente ¿debe ser un ejercicio constante y habitual en mí?

Estas interrogantes me llevan a pensar que más allá de un buen desempeño escénico, somos seres humanos capaces de expresar, transmitir y manifestar nuestra riqueza interior que nos hace seres verdaderamente auténticos indistintamente de lo teatral. Somos hijos amados de Dios, con un don muy especial ya que al ser instrumentos del arte, colaboramos constantemente con el mundo y con el hombre, esas dos obras de artes hermosas y maravillosas que Dios haya podido crear. Esta dimensión de hijos de Dios nos lleva a mirarnos a nosotros mismos y saber que valemos más por lo que “somos” y no por lo que “hacemos” que de por sí tiene sus méritos.

 

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Expresar con el cuerpo también significa demostrar tener dominio de mí mismo…

Expresar con el cuerpo no solamente es manifestación de las cosas que pensamos y sentimos queriendo hacerlas evidente todo el tiempo. Expresar con el cuerpo también significa demostrar tener dominio de mi mismo y señorío de mis acciones para: callar, hacer silencio interior, escuchar, observar, dar un paso al costado, considerar lo que veo y se me dice, etc. siendo reverente en todo momento con los demás y consiguiendo de esa manera un equilibrio permanente.

El ser humano es un ser bio- psico –espiritual, adquiere estas tres dimensiones al ser creado a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto, es una unidad integral que debe permanecer en todos los ámbitos donde nos desplegamos. Si somos seres bio (cuerpo) psico (pensamientos) espirituales (emociones), la expresión corporal vendría a ser la manifestación de la armonía entre los pensamientos y las emociones. Si existe armonía entre estas tres dimensiones definitivamente lo que proyectaremos con nuestros actos será: seguridad, confianza, coherencia, pasión, fortaleza y equilibrio personal. Estos dones y cualidades permitirán que mi mensaje transmita reconciliación, fidelidad, perdón, respeto, amor por los valores entre todos nosotros.

Es por eso que debemos buscar siempre la armonía entre esas tres dimensiones para que lo que exprese con el cuerpo sea evidencia de una acción agradable a Dios en todo momento. Incluso, en el propio ejercicio artístico y la propia obra teatral, los cuales pongo al servicio de mi propio talento y crecimiento personal para que lo que comunique con mi ser ayude al crecimiento de otras personas y no se convierta en expresiones “parásitas” de mi propia fragilidad y de mi pecado.
Creo que es esta la misión de todo ser humano que agradece a Dios por los dones recibidos y los talentos desplegados, y de todo actor y actriz que busca que su vida sea auténtica y verdadera y no se quede en la mera representación teatral.

Jesús Pássara Gutiérrez